Corrupción y complicidad, causas de la tragedia en Tultepec

David Oliva | Diciembre 2016

Por: David Oliva
Fuente: Publímetro

Pobre México, pobre país. Además de padecer durante todo el año de crisis en diferentes frentes, como el económico, político, social y seguridad, el 2016 cierra con una tragedia en el Estado de México.

Aunque hasta el momento se desconozca el origen de la tragedia, que redujo a escombros a unos 300 locales del mercado de pirotecnia de Tultepec, el gobierno mexiquense (y priista) de Eruviel Ávila se esfuerza por proteger a los responsables de la tragedia.

Su operador principal para mitigar esta crisis (crisis porque esto sería un motivo más para que el PRI perdiera los comicios el próximo año) es José Manzur, el flamante secretario general de Gobierno del Estado de México, quien es el encargado de Eruviel de repetir que no están buscando culpables (cuando debería ser así) y que su prioridad es salvar vidas (podrían salvarlas haciendo justicia para las víctimas, metiendo a la cárcel a los responsables).

Pero vamos por partes. En Tultepec no es la primera vez que se presentan tragedias de esta naturaleza, ya sea por el almacenamiento de pirotecnia sin contar las medidas adecuadas o por el manejo indebido de fuegos artificiales, “tradición” muy socorrida durante las fiestas patrias, celebraciones patronales y en la época navideña.

Sin embargo, en esta ocasión ni siquiera aplica el dicho popular “ahogado el niño se tapa el pozo”, pues el mismo mercado de San Pablito ya contaba desde su apertura en 1998 con una larga historia de desastres y tragedias. Incluso en septiembre de 2006 ya había sido destruido por otra explosión.

A pesar de los antecedentes, todo indica que las autoridades omitieron realizar las acciones suficientes en materia de prevención, aunque el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia lo presumía como el más seguro de Latinoamérica, hace apenas una semana.

Suponiendo (sin conceder) que, efectivamente, se trató de un accidente, habría que preguntarnos ¿cómo es posible que en un lugar donde se concentraban alrededor de 100 toneladas de artículos explosivos no se contara con una supervisión permanente? ¿Dónde quedaron los servicios de emergencia necesarios dado el tamaño del riesgo? ¿Quiénes eran los responsables de garantizar la correcta aplicación de lo establecido en la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos? ¿Qué dictan las normas de protección civil municipal?.

Estas preguntas sin respuesta ponen en evidencia, ooootra vez, que en México seguimos en una lógica de corrupción, de proteger a los amigos, de una cultura de prevención que brilla por su ausencia, de una falta de justicia que victimiza por doble a los 32 fallecidos y contando así como los 59 heridos por las explosiones en este polvorín.

México está cansado de la falta de reacción del gobierno federal, de las omisiones de los malos gobernantes y este caso no es ajeno a esto: ¿dónde queda la responsabilidad del alcalde de Tultepec, Armando Portuguez? ¿Dónde queda la responsabilidad del titular del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, Juan Ignacio Rodarte Cordero? ¿Dónde queda la responsabilidad (política) de Eruviel Ávila?.

Lo que los mexicanos y los mexiquenses necesitamos son respuestas claras y acciones contundentes, acciones que realmente deslinden las responsabilidades contra todo aquel funcionario que haya incurrido en alguna omisión, en alguna irresponsabilidad, y paguen por ello, pues lo que está en juego es la vida e integridad de los ciudadanos.

Una vez más, la corrupción, la negligencia y la impunidad marcan una gestión de un PRI-Gobierno que le apuesta a la simulación, con tal de mantener un gobierno que ya está cansado de ellos.